jueves, 5 de febrero de 2009

¿Todo tiene explicación?


“No tienes ni una hierba [en este mundo]
que no tenga su suerte y guardián en el cielo
que la golpee y le diga
¡crece!”

(Bereshit Raba)

*Rav Dr. Michael Laitman

Así como en este mundo hay leyes absolutas que lo manejan, también en el mundo Superior hay leyes que influyen en nosotros, aún cuando no estemos conscientes de su existencia.

Si quisiéramos entender las manifestaciones que se producen en el mundo en que vivimos, deberíamos primeramente entender su raíz, o sea, de dónde vienen.

Si observamos simplemente lo que ocurre, debemos admitir que no tenemos idea de por qué pasa lo que pasa en nuestro mundo, desde los fenómenos más simples como por ejemplo el estado del tiempo, el estado de ánimo cambiante, la salud y la enfermedad, un encuentro casual con una voz del pasado, el estallido de guerras sangrientas o el triunfo de un equipo de fútbol por diferencia de un gol.

Después de que sucede algo, se le puede encontrar mil causas de acuerdo a la variedad creativa de nuestra imaginación, y siempre habrá una explicación: ”Estoy enfermo porque ayer no me abrigué después de ducharme”, “ese entrenador no sabe tomar decisiones en los momentos críticos”, etc.

Pero ¿es realmente así?

La Sabiduría de la Cabalá investiga el origen del cual se derivan todas las consecuencias, describiendo el comportamiento en nuestro mundo de acuerdo a leyes absolutas de la Naturaleza, que aún cuando permanezcan ocultas a la persona común, no son una colección de fenómenos casuales.

Se puede dar como ejemplo la fuerza de la gravedad que actúa sobre nosotros. Seguramente, si nos paramos sobre una silla y saltamos al piso, será gracioso, pero si saltamos desde el techo de un rascacielos, será una catástrofe.

En este ejemplo, el error y la consecuencia son inmediatos y aparentes, y a nuestro entender, la consecuencia se relaciona directamente a la causa. Pero si nos imagináramos que existe cierta dilación entre el salto y el efecto, podríamos entender mejor de qué habla la Cabalá.

La Cabalá ve la consecuencia y su causa al mismo tiempo, pero nosotros sólo sentimos el efecto, sin entender la conexión con la causa, su factor.

“La ley de gravitación“, es una ley absoluta, no se puede esquivar o engañar. Lo máximo que podemos hacer es conocerla y comportarnos de acuerdo a sus principios. Pero si todavía no conocemos esa ley y no vemos la relación de causa-efecto entre ella y nosotros, ¿cómo podremos prevenir la próxima caída?

Y sobre esto los cabalistas nos responden claramente: ”El no conocer la ley no nos absuelve del castigo”. O sea, no podemos saltar de un rascacielos y decir: ¡Ay, perdón, no sabía!

De la misma manera definida y absoluta actúan también las leyes espirituales de las que hablan los cabalistas, y si deseamos disfrutar de la vida y realizarla completamente, tendremos que familiarizarnos con ellas.

Ley de la raíz y la rama

Una de estas leyes espirituales es la “ley de la raíz y la rama”. Ésta determina que todo lo que ocurre en el mundo corpóreo es una copia, un sello, de lo que ocurre en el mundo espiritual, el mundo Superior.

Los sabios de la Cabalá explican que éste se encuentra oculto a nuestros sentidos, aunque para ellos es perceptible, al punto que hasta se refieren a ello como el mundo auténtico, mientras que a este mundo físico lo consideran como el mundo imaginario de consecuencias. Al mundo que ven ellos lo llaman el mundo de las causas o el mundo de las raíces y al que nosotros vemos lo llaman el mundo de las consecuencias o el mundo de las ramas.

Todo lo que nosotros pensamos, percibimos, sentimos, imaginamos, vemos, escuchamos, etcétera, ya ha sido determinado y decidido en el mundo Superior, sin que estemos enterados para nada de ello.

El Rabí Yehuda Ashlag (autor del Sulam, la interpretación más respetada del Libro del Zohar) lo describe en su artículo, “La esencia de la sabiduría de la Cabalá”, de la manera siguiente: “…no existe ni un elemento o acontecimiento en la realidad de nuestro mundo inferior [corporal], que no tenga su ejemplo en el mundo Superior [espiritual], de forma equivalente como de dos gotas de agua, llamadas, “raíz y rama”. Es decir, que la parte que se encuentra en el mundo inferior [nuestro mundo] es considerada la “rama” que corresponde a su ejemplar el cual se encuentra en el mundo Superior. Y éste último es la “raíz” de esa parte inferior, ya que es de allí [del mundo Superior] que fue grabada y formada aquella parte del mundo inferior”.

Si es así, ¿hay lo que hacer?

Los cabalistas nos permiten intervenir en este sistema y cambiar nuestro destino. El cambio comienza con aprender el accionar del sistema. Si en mi estado actual no puedo modificar nada, pero hay otro lugar en donde tengo la posibilidad de cambiar mi destino y determinarlo, es muy importante que lo sepa. ¿Por qué? Para que no siga perdiendo mi tiempo y esfuerzos en vano, en intentos frustrados de ser feliz, como hasta ahora.

Lo importante es empezar la búsqueda del camino hacia ese mismo lugar de donde se puede realmente influir en el sistema general del universo y sus leyes, y cada uno de nosotros puede alcanzarlo, siguiendo las huellas de los cabalistas que lo han logrado.

* El Rav Dr. Michael Laitman es máster en ciber­nética, doctor en filosofía y cabala, profesor de ontología y teoría del conocimiento. Es fundador y presidente de Bnei Baruj y del Instituto ARI, en Israel. Más información en www.kab.info www.kab.tv/spa www.laitman.es

Títeres accionados por hilos


Claramente, la muerte de Sadam Hussein no va a detener la violencia. Para el mundo en general, él era un tirano cruel. Para los cabalistas, tan solo un títere accionado por hilos, cuya muerte podría marcar el amanecer de una nueva era.

El corazón del rey es como un río;
sigue el curso que el Señor le ha trazado
”.

(Proverbios 21:1)

* Rav Dr. Michael Laitman

Desde que inició el conflicto en Irak, más de tres mil soldados estadounidenses han perecido, y la cifra sigue aumentando. Cientos de miles de civiles iraquíes han sucumbido a manos de sus conciudadanos. Irak es un reflejo desolador del estado actual en que se encuentra el mundo.

Según el cabalista Rabí Yehuda Ashlag, esto es tan sólo el principio. Escribió que si la humanidad no cambia su rumbo, podría ser arrastrada a una tercera y hasta una cuarta guerra mundial y aquellos que queden, igual tendrían que hacer el cambio que se requiere que nosotros hagamos hoy.

No es una cuestión de buenas o malas decisiones políticas, ni de un líder en particular que esté llevando al mundo a su perdición. Existe una razón por la que todo esto está ocurriendo y cuanto más pronto lo comprendamos, más rápido lograremos remediar la situación. Tal como lo expresa el Rey Salomón, no está en manos de los gobernantes determinar el curso que sigue el mundo; está en manos de la fuerza que lo ha creado y lo guía. Es por eso que está escrito, “A ti se te ha mostrado para que supieras que el Señor, Él es Dios; no hay nadie más que Él”. (Deuteronomio 4:35).

El cabalista Rabí Ashlag explicó que, No hay nadie más aparte de Él significa que todo lo que experimentamos, bueno y malo, amigos o enemigos, son todos Sus mensajeros, sin excepción. Y si esta es la manera en que los enfocamos, descubriremos al Creador a través de nuestra relación con ello.

Hacia el final de sus días, Ashlag escribió una serie de ensayos en los que describe el curso de acontecimientos que desencadenarían en el logro espiritual de la humanidad. Al tiempo que afirmó que estos eventos serían obligatorios, enfatizó que podría ser que se desarrollaran, ya sea internamente, dentro del reino espiritual de cada persona, o fuera de nosotros, en el mundo físico.

En esos escritos, el Rabí Ashlag explica que el ego humano continuamente se desarrolla en cantidad y calidad. Queremos tener más dinero, más poder, más sexo, más de todo. Pero en la cumbre del egoísmo desearemos saber cómo controlar el mundo entero, cómo funciona todo y gobernarlo. En suma, anhelaremos ser como una deidad.

La Cabalá, y prácticamente todos los textos espirituales, nos explican que el Creador es bueno, y por lo tanto, desea hacer el bien a todos nosotros, Sus creaciones. Y puesto que no hay nada mejor que el Creador Mismo en toda la realidad, Él desea darnos todo de Sí Mismo; es decir, Su conocimiento y Su poder.

El Creador nos ayuda a llevar esto a cabo, en la “escuela” de este mundo, mediante pruebas que tenemos que superar y es por eso que el ego humano se desarrolla continuamente: cuanto más grande el egoísmo, más se intensifica la prueba. Así vamos progresando en la espiritualidad: tratando de construir un mejor mundo y sociedad. A medida que voy aprobando los exámenes, me voy convirtiendo en el “titular” de cada grado; es decir, logro verlo desde el punto de vista del Creador, habiendo alcanzado Su conocimiento y poder, y por lo tanto, en ese nivel ya no soy más un títere accionado por hilos.

Las atrocidades de nuestro mundo son un reflejo de nuestro inflado e indómito ego. Pero estas penosas experiencias no tienen por qué aparecer bajo la forma de tiranos, desastres naturales, terrorismo o pandemias globales. Si canalizamos nuestros egos en la dirección correcta en el momento que brotan, no tendrán por qué manifestarse de maneras tan negativas.

El ego humano sólo apunta a cualidades de nuestra alma que (aún) no son similares a las del Creador. En un principio, las sentimos como pequeños inconvenientes, como ligeros dolores de cabeza. A medida que el ego crece y la diferencia con el Creador se acentúa, el dolor de cabeza se convierte en “migraña”. Pero, si trabajamos dentro de nosotros, mientras es una pequeña jaqueca, ésta no tendrá que convertirse en una migraña, por lo que evitaremos la necesidad de hacer frente a las tragedias colosales. Percibiremos la vida y nuestras relaciones con los demás, como una secuencia de revelaciones, infinitas posibilidades de parecernos al Creador. Por consiguiente, sentiremos amor por los demás en lugar de odio, y la escuela rigurosa se convertirá en un alegre jardín de juegos.

Para que esto ocurra necesitamos un sistema de enseñanza. La Cabalá afirma que si no hay nada aparte de Él, entonces es Él que ha puesto el ego dentro de nosotros y que tuvo que haber tenido una razón. En lugar de tratar inútilmente de suprimir el creciente ego, la Cabalá ha desarrollado libros de estudio que nos muestran cómo canalizarlo, tal como lo hace el Creador con los corazones de los reyes, trazándoles el camino como si fueran ríos.

Esta es la gran revelación que la Cabalá ofrece al mundo: en lugar de ir aniquilándonos unos a otros, aprendamos todos a ser omniscientes, poderosos y semejantes a Dios. De ser así, ¡ganaremos todos!

* El Rav Dr. Michael Laitman es máster en ciber­nética, doctor en filosofía y cabala, profesor de ontología y teoría del conocimiento. Es fundador y presidente de Bnei Baruj y del Instituto ARI, en Israel. Más información en www.kab.info www.kab.tv/spa www.laitman.es

Rezo en apuros, un rezo verdadero

¿Qué es el Tikkún? ¿Quién lo necesita?, y
¿Qué es lo que tenemos que corregir?

Por el Rav Dr. Michael Laitman *


Tikkún

En Cabalá, el término Tikkún (corrección) es el concepto más importante. Es el medio por el cual se alcanza la Meta del Creador hacia Su creación (nosotros). La tradición judía está repleta de historias acerca de cabalistas que se recluyen voluntariamente o se internan de forma solitaria en las montañas para hacer Tikkunim (plural de Tikkún).

La realidad, lamentablemente, es bastante menos romántica. Tikkún es la transformación de las cualidades propias, del egoísmo al altruismo. En palabras sencillas, cuando una persona deja de pensar en su propio bienestar y comienza a tomar en cuenta el beneficio de todos los demás, a esa persona se le considera corregida.

La Cabalá explica que el Creador es benevolente y quiere hacer el bien a Sus criaturas. También aclara que ya que Él es lo mejor que existe, quiere que seamos como Él. Al momento de nacer, nos dicen, no tenemos el mínimo parecido al Creador, sino que cada uno de nuestros rasgos está en completa oposición a los Suyos. El Tikkún es, por lo tanto, la transformación de las cualidades propias, de humanas (egoístas) a divinas (altruistas y benevolentes).

Pero si Él es bueno y quiere favorecernos, ¿cómo nos beneficia el llegar a ser altruistas y pensar en los demás? El beneficio no radica en la transformación del egoísmo en altruismo, en sí, sino, en la percepción realzada que proporciona. Ya que cuando adquirimos Sus cualidades, adquirimos también Su perspectiva. Por este motivo, los cabalistas explican que la persona que se adentra en el mundo espiritual por vez primera –en la que se le refiere como un “infante”- observa el mundo de un extremo al otro. Y cuanto más nos desenvolvemos en la espiritualidad, más aguda y profunda se vuelve nuestra percepción. Eventualmente, cuando todas nuestras cualidades son semejantes a las de Él, llegamos a ser omniscientes, todopoderosos, recibiendo y dando todo, al mismo tiempo.

El rezo

Existe un solo medio que nos puede traer el Tikkún —el rezo. Es más, de acuerdo a la Cabalá, hay una sola oración que el Creador escucha: el rezo por lograr el Tikkún. De hecho, si observamos el mundo a nuestro alrededor y consideramos el estado hacia el que la humanidad rápidamente está decayendo, quedará muy claro que, o no estamos rezando o nuestras plegarias no están siendo contestadas.

Una oración, como explica la Cabalá, es una petición para ser corregidos. Cuando he intentando con mucho esfuerzo ser como el Creador, benevolente, dador, y bueno, y siento que he fallado completamente, entonces me vuelco al Creador y de corazón pido de Él: “Hazme como Tú, porque yo no puedo hacerlo por mí mismo”.

A este respecto, el gran cabalista del siglo XX Rabí Yehuda Ashlag escribió en una carta a un estudiante: “No hay estado más feliz en la vida que cuando uno se encuentra desesperado completamente de su propio poder, o sea, que ya se ha esforzado y ha hecho todo lo que ha podido, y no ha encontrado remedio. Esto es así porque uno entonces es digno de pedir sinceramente Su ayuda, ya que uno sabe con certeza que el trabajo propio no será suficiente”, (Rabí Yehudá Ashlag, Carta no. 57 del 1935).

En la Biblia está escrito, “el corazón del hombre es perverso desde su juventud” (Génesis 8:21). Por tanto, para lograr la corrección, necesitamos ser cambiados por la única fuerza que no es maligna (egoísta): el Creador.


Así, aunque parezca un tanto irónico, la única forma mediante la que podemos lograr plenitud, satisfacción y placer ilimitado es cuando dejamos de preocuparnos por nuestro bienestar y empezamos a cuidar del bienestar de todos los demás.

Este mensaje es el gran “secreto” que la Cabalá ha ocultado en su interior por dos mil años, desde la escritura (y posterior ocultamiento) de El Libro del Zohar. Hoy día, en el principio del siglo XXI, los cabalistas ya no ocultan el mensaje. En su lugar, aseguran que el conjunto de la humanidad está listo para recibirlo.

Todos sus libros se refieren únicamente a esta transformación, y si leemos los escritos del gran cabalista, Yehuda Ashlag, veremos que es así como él explica cada texto cabalista, desde El Libro del Zohar (del Rashbí) hasta El Árbol de la Vida (del Arí).

Si leemos los libros de Cabalá con un solo objetivo en mente, ser corregidos en el sentido verdadero de la palabra, dejarán de ser misteriosos para nosotros. El poder que poseen nos afectará, y empezaremos a ver y a sentir el mundo de una forma completamente diferente.

* El Rav Dr. Michael Laitman es máster en ciber­nética, doctor en filosofía y Cabalá, profesor de ontología y teoría del conocimiento. Es fundador y presidente de Bnei Baruj y del Instituto ARI, en Israel. Más información en www.kab.info www.kab.tv/spa www.laitman.es