martes, 13 de enero de 2009

Sociedad armoniosa - ideal alcanzable


Los cabalistas han estado describiendo una realidad social superior, a través de todas las generaciones. Baal HaSulam, a su vez, nos explica cómo lograrlo en nuestra generación.



*Rav Dr. Michael Laitman


Hemos estado vagando por el desierto junto con toda la humanidad, y ahora hemos encontrado un gran tesoro, que abunda con todo lo mejor… por lo tanto, elaboramos este Shofar (Cuerno de carnero, en hebreo) con el propósito de trompetear fuerte, por si lo escuchan nuestros hermanos y se tornan felices”, (Baal HaSulam, escritos de “La Última Generación”).

Todos conocemos las películas de aventuras en las que el héroe descubre un mapa misterioso y sale junto a un grupo de personas valientes a buscar un tesoro mágico. Por lo general, a partir de un trayecto largo y arriesgado, lleno de experiencias, logran encontrar el tesoro anhelado. Los tesoros que tendemos a imaginar son normalmente lingotes de oro y joyas preciosas, pero no todos los tesoros en la vida están hechos de oro, hay tesoros en nuestra vida que tienen incluso un valor superior.

Supón que te despiertas mañana por la mañana, sin preocupación alguna, rodeado de abundancia ilimitada, o habiendo dejado de preocuparte del futuro de tus hijos, de su salud y sustento, o de cómo se arreglarán en la escuela y el trabajo. Imagínate levantarte una mañana sin tener que escuchar en las noticias sobre el último acto terrorista, o la última desgracia ecológica en alguna parte del mundo. Imagínate la sensación que tuvieras si supieras que miles de amigos te apoyan y se preocupan de tu bien, de la misma manera que una madre se dedica a sus hijos.

¿Suena un poco como un sueño irreal? Pues, no necesariamente…

Vista previa hacia una realidad plena

Resulta que los grandes cabalistas han descrito este tipo de ideal, desde hace muchas generaciones. Los profetas también hablaron sobre lo que se llama “los días finales (del futuro)” y elaboraron relatos pintorescos al respecto.

Un cabalista que descubre la realidad espiritual, obtiene acceso directo a las “raíces de la realidad” que aún no se hayan realizado ante nuestros ojos. Por lo tanto, aunque sus palabras puedan parecernos como acontecimientos futuros, para el cabalista estos acontecimientos son leyes reales, de la Naturaleza que gobierna la realidad.

Rabí Yehudá Ashlag (Baal HaSulam) habla sobre esta realidad en sus últimas escrituras. A partir de la culminación de sus grandes obras –el Comentario Sulam sobre El Libro del Zohar y la elaboración de una detallada Interpretación de Los Escritos del ARÍ- se puso Baal HaSulam a elaborar una de las obras más completas en la historia de la Cabalá: “La Última Generación”. Teniendo el cuadro entero en su mente, supo que era su deber elaborar la estructura correcta de una sociedad que se base en las leyes espirituales, y el rol de cada uno de sus miembros.

Baal HaSulam describió una sociedad armoniosa, basada en la entrega y el cuidado de los demás, que se encuentra, como resultado, en un balance eterno con la naturaleza. Sus obras ilustran lo que descubre el individuo que se eleva a percibir la realidad oculta -la realidad espiritual-, y nos proporcionan una vista previa del buen futuro que nos espera. Si examinamos la manera en que se han estado cumpliendo las palabras de Baal HaSulam –que previó con precisión nuestra vida actual, aún en los 1950s- descubriremos que sus palabras son firmes y que están basadas en un punto de vista totalmente racional.

Una nueva realidad espiritual

Encontramos la oportunidad de examinar las condiciones de vida de la Última Generación, cuando haya paz en el mundo, y toda la humanidad alcance la cima… y sólo haga uso de la forma de ‘entrega al prójimo’ y nada de la forma de ‘auto-recepción (para el bien de uno mismo)’… talvez convenga y sea posible hacer un intento de adaptarnos a dicha forma de vida, aún en nuestra generación”, (Baal HaSulam, “La Paz en el Mundo”).

La cualidad especial de una sociedad basada en principios espirituales

De la descripción de Baal HaSulam surge que para llegar a este tipo de relaciones entre nosotros se requiere un cambio fundamental de nuestra percepción de la realidad. El núcleo del proceso radica en la necesidad de cambiar nuestra naturaleza egoísta innata y convertirla en la entrega al prójimo. De esa manera, logramos experimentar una nueva realidad espiritual.

La única manera en que podremos abandonar la preocupación interminable de nosotros mismos es al tener otros que lo hagan, de la misma manera que lo hagamos nosotros para ellos, como ocurre naturalmente en una pequeña familia, en la que cada uno se preocupa de los demás. Este tipo de relación se llama Arvut (Garantía Mutua, en hebreo).

Después que uno se haya liberado de la auto-preocupación, se eleva, como resultado, hacia la percepción de una nueva dimensión de la Naturaleza. Se estalla hacia un nuevo campo de emociones, y se le abre el paso hacia una dimensión superior en la que se encuentra en un flujo perpetuo de energía e información completamente diferentes; la sensación del Mundo Superior.

* El Rav Dr. Michael Laitman es máster en ciber­nética, doctor en filosofía y Cabalá, profesor de ontología y teoría del conocimiento. Es fundador y presidente de Bnei Baruj y del Instituto ARI, en Israel. Más información en www.kab.info www.kab.tv/spa www.laitman.es

La búsqueda de la armonía a través de la Cabalá


* Rav Dr. Michael Laitman

Cuando observamos nuestra Naturaleza circundante, descubrimos que los niveles inanimado, vegetativo y animado de la Naturaleza están todos impulsados por instintos inherentes. Sus acciones no son consideradas como buenas o malas, ya que estas creaciones simplemente siguen las reglas imbuidas dentro de ellas, en armonía con la Naturaleza y entre sí mismas.

Sin embargo, si observamos la naturaleza del hombre, encontraremos que es esencialmente distinta al resto de la Naturaleza. El ser humano es la única criatura que puede disfrutar de la explotación de los demás o de la búsqueda de la soberanía sobre otros. Sólo el ser humano recibe placer de ser único y superior a los demás, y por lo tanto, es el único que infringe el balance de la Naturaleza con su deseo de recibir placer, su egoísmo.

Este deseo de recibir placer, el cual es la base de nuestra esencia, fue desarrollándose en nosotros con el tiempo. Su primera manifestación surgió con los deseos sencillos, como el de comer, reproducirse, y experimentar la vida familiar. La apariencia de aún más avanzados deseos, como el anhelo por la riqueza, el honor, la soberanía y los conocimientos, promovió la evolución de la sociedad humana y su estructura social: la educación, la cultura, la ciencia y la tecnología. La humanidad marchó hacia adelante orgullosamente, creyendo que el progreso y el crecimiento económico nos satisfarían y nos harían más felices. Lamentablemente, hoy en día estamos empezando a darnos cuenta que esta larga “evolución” ha llegado a un estancamiento.

Éste se debe a que nuestro deseo de recibir placer no puede permanecer satisfecho por mucho tiempo. A todos nosotros nos ha pasado, al menos una vez, que teníamos un gran anhelo por algo, deseándolo a veces por años. Pero al recibirlo, el placer se desvaneció rápidamente, el vacío volvió y nos encontramos a nosotros mismos persiguiendo nuevas metas, con la esperanza que éstas nuevas nos traerían la satisfacción anticipada. Este proceso ocurre en ambos niveles, en el personal y en el de toda la humanidad.

Ahora que hemos acumulado suficiente experiencia, por miles de años, tenemos bien claro que no sabemos cómo llegar a una felicidad sostenible, o aunque sea, a una seguridad interna básica. Estamos desconcertados. Este fenómeno está en la base de las crisis y desafíos que nos afligen.

Aún más, la predilección humana egoísta y natural de perseguir los placeres egocéntricos a costa de los demás se ha intensificado con el paso del tiempo. Hoy en día, las personas intentan más que nunca forjar su éxito basándose en la ruina de los demás. La intolerancia, la alienación y el odio han llegado a nuevas y horrendas alturas, poniendo en peligro la propia existencia de la especie humana.

Cuando observamos la Naturaleza, vemos que todas las criaturas vivientes están construidas para seguir el principio del altruismo o preocuparse por los demás. Este principio es fundamentalmente diferente al que parece motivar a los seres humanos.

Las células dentro de los organismos se unen en una entrega recíproca con el propósito de sustentar el cuerpo entero. Cada célula en el cuerpo recibe lo que necesita para su subsistencia, e invierte el resto de sus energías sirviendo al cuerpo entero. En cada nivel de la Naturaleza, el individual trabaja para beneficiar el total del cual él forma parte, y en ello encuentra su propia sensación de plenitud. Sin las actividades altruistas, el cuerpo no puede persistir. De hecho, la vida misma no puede perdurar.

Hoy día, después de múltiples investigaciones en campos diversos, la ciencia está llegando a la conclusión que la humanidad, también, es en realidad un solo cuerpo íntegro. El problema radica en que nosotros, los seres humanos, contrariamente al cuerpo vivo, seguimos ignorando esta conclusión, actuando en contra del “cuerpo” íntegro de la humanidad. Al fin y al cabo, tendremos que despertar y entender que los problemas que ofuscan nuestras vidas actuales no son producto de la coincidencia, ni tampoco pueden ser resueltos por ningún medio que conocemos del pasado. Estos problemas no van a desaparecer, sino que van a empeorar hasta que cambiemos la dirección y comencemos a funcionar de acuerdo a la ley comprehensiva de la Naturaleza—la ley del altruismo.

Cada fenómeno negativo de nuestras vidas, desde el más específico hasta el más general, proviene de la transgresión a las leyes de la Naturaleza. Lo tenemos bien claro, si saltamos de un edificio alto nos heriremos, ya que sabemos que en tal caso estaríamos actuado en contra de la ley de la gravedad. Lo que no nos queda claro es que nuestra vida dentro de la sociedad humana y las relaciones entre nosotros, también son manejadas por leyes absolutas. De tal manera, debemos parar, hoy día, y examinarnos a nosotros mismos, para ver dónde estamos transgrediendo las leyes de la Naturaleza y encontrar la manera correcta de vivir. Todo depende de nuestra conciencia, únicamente: cuanto mejor conozcamos el sistema de la Naturaleza, menos sufrimientos experimentaremos, y más rápido evolucionaremos.

En los niveles inanimado, vegetativo y animal, el altruismo es inherente como ley de existencia. Pero a nivel humano, nosotros mismos debemos formar ese tipo de relación. La Naturaleza lo ha dejado en nuestras manos con el fin de que podamos elevarnos a un nuevo y exaltado nivel de existencia, el cual podremos alcanzar siguiendo las huellas de la Cabalá.

* El Rav Dr. Michael Laitman es máster en ciber­nética, doctor en filosofía y cabala, profesor de ontología y teoría del conocimiento. Es fundador y presidente de Bnei Baruj y del Instituto ARI, en Israel. Más información en www.kab.info www.kab.tv/spa www.laitman.es